Señales de que necesita ayuda
- Se ha caído, o le cuesta levantarse de la silla o de la cama.
- Come mal, la nevera está vacía o hay comida caducada.
- Se olvida de la medicación o la toma dos veces.
- La casa, la ropa o el aseo ya no están como antes.
- Se desorienta, se pierde o repite las mismas preguntas.
- Pasa muchas horas solo y se le ve triste o apagado.
Las opciones, de menos a más
Una cuidadora externa unas horas al día: para quien todavía se vale en casa pero necesita ayuda con el aseo, las comidas o salir a la calle, y compañía.
Una cuidadora interna: vive en la casa y está pendiente durante el día. Es lo que más tranquilidad da cuando ya no conviene que pase muchas horas solo.
Una interna más alguien para las noches o el fin de semana: cuando hace falta presencia casi continua. Una sola persona no puede cubrir las 24 horas todos los días.
Una residencia: es otra opción, y para algunas personas es la adecuada. Si lo que se quiere es que siga en su casa, las anteriores lo permiten en la mayoría de los casos.
Cómo hablarlo con él o con ella
A casi nadie le gusta oír que necesita ayuda. Suele funcionar mejor plantearlo como una ayuda para la casa o como compañía que como un cuidado, empezar por pocas horas y dejar que conozca a la cuidadora antes de decidir. Que elija él o ella entre dos o tres personas cambia mucho cómo lo vive.
Los primeros pasos
- Apunta durante una semana qué cosas no puede hacer solo y a qué horas.
- Habla con tus hermanos: quién decide, quién firma el contrato y quién paga.
- Si todavía no tiene grado de dependencia reconocido, pide la valoración en los servicios sociales de su ayuntamiento: tarda meses, así que conviene pedirla ya.
- Piensa qué puede cubrir la familia (algún fin de semana, las vacaciones de la cuidadora) y qué no.
- Cuéntanoslo: con eso te decimos qué tipo de cuidado vemos y qué cuidadoras tenemos en su zona.